febrero 15, 2007

la música suena vacía

en dónde tus palabras

tiradas las caricias

la paciencia la paciencia

por qué te extraño

por qué me faltan tus labios

por qué los siento como un recuerdo

si nunca nos besamos

o sí

o no

ecos ecos ecos

pero te extraño

pero si hasta tu silencio calla

peros

siempre estos peros

tu cuerpo temblando

titilando como una estrella en mis brazos

PERO

tus ojos dilatados

perdidos en los míos

mis ojos dilatados

perdidos en los tuyos

y otro PERO

dónde están tus manos esta noche

dónde tu cintura

tus caderas esquivas

tu pecho que se estrella contra el mío

te me apegas y tus labios esperan

te sueño pero despierto

y no estás

no estás

me contagiaste amor con tu saliva

pero cómo si nunca nos besamos

sí lo hicimos me dice este recuerdo

y es sólo eso

recuerdo

tus pechos

tus pies descalzos

tu pelo lluvioso

en la esquizofrenia de nuestros conciertos

y ciegamente te busco en el pasado

en ese que nunca ha pasado

en ese que aún espera

todavía dilatado


Lord Lavengro

Valparaíso, Madrugada de febrero 15 de 2007.

enero 19, 2007

Retrato

Entre muchas letras que se me han antojado escribirte, no me ha convencido ninguna. Quizás sea bueno un cuento, y por qué no un poema... hasta una carta. Ninguna es mucho y a su vez nada. Sabes, es tan sencilla la pregunta por quién creo que eres y, como sucede ante la sencillez, se hace complicado darle una respuesta, o en una de esas no sea lo difícil dársela, sino poner en vocablos mi percepción de ti.

El otro día me miraba al espejo, pero no para no cortarme al afeitar, sino para indagar en mi interior... ese espejo del alma, ese que delata la conciencia. De eso nació otra pregunta: ¿qué te contestará ese espejo? No creo que formules ante él la pregunta de la madrastra de la Blanca Nieves, aunque un poco de vanidad no le hace mal a nadie: por qué no te iba a contestar “tú eres la más bella”. Pero bueno, eso es farándula y me estoy alejando de lo que pretendo decirte, mas, qué dicen mis palabras sino sólo ecos y algo huecos, por lo demás.
–Ella estudia el silencio para conocer la música–, dice una de las voces de mi inconciencia. Aparentemente contradictoria la frase. ¡Pero cómo si no hay que desvirtuar la belleza del silencio con ruidos sin sustancia! Contemplativa me has dicho que eres con las demás personas, y en cierto sentido comparto lo que me dices: estudias mi rostro por dentro, esperando conocer lo que se calla, estudiando mi silencio para conocer la música que se oculta en el interior. Pero en cierto sentido, pues la bola de cristal aún no está del todo afinada y todavía te sorprenden algunas notas que no habías encontrado en mis labios callados, siguiendo el plano invisible de la subconsciente-conciencia-inconsciente. Y para qué ver todo, si esa capacidad de asombrarse no hay que perderla. Es como si fueras una amalgama de paciencia disfrazada de impulsiva y una prudencia que se confunde con el asombro de la imprevisión. Desconcertante, ¿no es cierto?
Aparentemente terminada y resignada a una soledad de las que duelen, de esas soledades acompañadas. ¡Tremendamente doloroso es el hielo que quema y el fuego que escarcha! Te veo en tránsito cuando siento que te ves estática. “Me voy a quedar sola, por ser como soy” decía la niña mientras se miraba al espejo, pero qué espejo era ese que callaba, era un mudo más que guardaba en su impotencia una palabra de verdad; y pensar que hubiere sido distinto el derrotero con una mísera expresión.
Mientras caminaba, conversaba con una antigua lechuza que se acercó a hablarla. Era simplemente un pie que seguía al otro inmerso en el desierto lleno de plantas desconocidas. Yo llegaba desde no me acuerdo, aunque debía ser de un bar que acogiera mis desvaríos en verso. Dijo llamarse ... la lechuza, y a ver ella, cómo dijo que se llamaba, no me acuerdo. Talvez el viento que corría desde una incierta dirección se llevó su nombre como una hoja hacia su destino. Pero saben, ese ladrón que se llevó su voz venía desde su boca, era como si cuando pronunciaba ese bello nombre –porque no podía haber sido distinto– su alma se obligaba a parecer distante. Hasta el día de hoy no he logrado comprenderlo... a ver, creo que un eco indiscreto casi la delató: debía principiar con D su nombre... sí, creo que sí. Pero bueno, sigamos con lo nuestro. Como les decía, algo había en ella que la hacía ponerse como en guardia, como intentando evitar una mirada, una sola palabra que hiciera de espejo. Aunque debo reconocerlo, también había algo indecible que la llevaba a hablar de sí, abriendo levemente una pequeña brecha entre tanta zarza que la ocultaba.
Cómo contestar a cómo es que te veo, si te veo desde distintos balcones, mi querida. Te veo compleja, cual si fueres una antítesis o una paradoja. Rara es la manera de expresarme, pero intentaré dilucidarla. Cuando te enojas es como si despertaras de un sueño antes de tiempo, como si te despertásemos no con un beso sino con una bofetada. Explosiva carga de emociones que se plantan con la misma fuerza de las raíces de una araucaria: añosa como el mismo Cronos y altiva como si fuese un desprecio.
Y eres tan cercana como lejana, como las estatuas del teatro, que están y sin embargo su corazón es mármol. Y ahí la gracia, porque debajo de ese pétreo hielo oteo un corazón que palpita, hecho de carne y relleno de sangre, como el de cualquiera y por tanto también único.
Insisto, pues para mí eres una paradoja... ¿qué puede ser más complejo? En ningún caso digo que seas dicotómica, sino que hay algo de Abraxas en ti, que hay algo de loba de la estepa, de la Maga y de Alejandra Vidal. Como si fueras un compendio.
¿Por qué, querida, te vas a quedar sola por ser como eres?...

Hace un par de noches ya que comencé estos desvaríos. Sé que le prometí que le escribiría cómo entiendo su ser, En algún minuto un pequeño niño salió corriendo desde un desdibujado patio, pero ya no estoy tan seguro que le entregue estas líneas. atravesó la calle sin mirar Vamos nuevamente contestando a esa pregunta que formulamos más arriba. que un descontrolado vehículo se abalanzaba contra él, arroyándolo sin un grito. Te veo compleja, mi amiga, alegre hasta decir basta sin realmente desearlo pues contagias No quise seguir viendo, mas algo me decía que no habían pasado las cosas como creí agraciada esos momentos largos de sonrisa que nos regalas, mejorando nuestra existencia. pues sólo las había imaginado, que una sombra me había empañado los ojos ocultando la luz del sol.
Escribía de un espejo, un espejo que habla y poco original, por lo demás. Pero así son las cosas: poco originales, mas dentro de lo que siempre ya se ha dicho encontramos algo nuevo. Tú eres algo distinto todos los días, y dejas de ser algo para ser alguien que se descubre minuto a minuto, que devela una ontología atrapante, delirante y tan sublime como corriente. Contigo no hay certeza, no tengo un piso ni siquiera débil sobre el cual pararme para escribirte algo. Si quizás me enviaras un plano de tu alma... No, mejor, para qué; me quedo del lado de la incertidumbre para seguir develando tu nombre que aún no lo recuerdo... que no lo descubro, que aún no conozco del todo.
Allá está, mirando con los ojos perdidos al monitor y moviendo como autómata los dedos sobre el teclado. Me contó que escribía una descripción de una amiga. Yo creo que le cuesta, que no puede porque no tiene una perspectiva cierta desde donde situarse; complicándose hasta el absurdo. Bueno, claro, ciertamente todo es absurdo: vivimos un completo disparate, una realidad que no es más que una metáfora, un acercamiento paupérrimo al ente –en su caso a su amiga–
pero quién es el ente
un algo un alguien un qué
y ahí está intentando decir lo que no puede lo que siente hondamente y sin palabras
en alguna parte se quedó medio perdido
es mujer es alegre es buena moza es risueña
es contenta como una niña descubriendo en su regalo el juguete que pidió en su carta al viejo pascuero
cómo no va a ser capaz de decirle una simple palabra
de expresarle sencillamente que es un enigma
no no puede porque no es sólo un laberinto sin salida
sin llegar al saber racional, que es una especie de conformismo; la razón estabilizadora, nada más lejano para que siga con su trabajo.
Bueno mi amiga. No sé si siga intentando realizar esta tarea a la que me comprometí. Pacta sunt servanda me dirás para reclamar por este incumplimiento, mas quién sabe si alguna vez logro descubrir cuál es tu nombre
eres angulosa cuando no eres un laberinto
y la lechuza canturrea tu nombre vivaz
despejado como camino luminoso
una lámpara extraviada entre la oscuridad y algo de maleza
y canturrea y canturrea y canturrea
un murmullo de ecos que dicen Denisse.
Lord Lavengro
Viña del Mar, Diciembre 28 de 2006.

diciembre 17, 2006

Aún sin Nombre


Tres horas más,
Ya son días que quedan,
Sonando como ecos del pasado,
Imágenes enmarcadas en la niebla añeja.
Mis párpados vencidos, mi mano entregada,
Se sumergen bajo el sueño clandestino
De mi corazón que no olvida.
¡La llovizna de verano otoña mi alma!
Pisando, como olas que golpean en las rocas,
A mi jardín de rosas blancas,
El invierno me amenaza empantanar,
Dejarme morir en sus arenas de desesperanza.
Siempre fui ajeno al tiempo,
Mas ahora, vengándose, me grita descarado,
Empinándose sobre el abismo: "no soy tu amigo".
¿Qué se hizo la magia?
En una esquina la divisó el último elfo,
De la mano del olvido, caminando...

¿El poema ya se acabó?
Siento que no.
Todavía tímido como la primera llama de un incendio,
Se esconde, a la sombra de un beso,
El anhelo de escuchar tu voz.
Lavengro
Escrito en febrero 11 de 2005.

noviembre 19, 2006

Sólo...



no tengo un paso
no tengo un murmullo en el silencio
que calme mi desnudez endemoniada
no hay ecos en tu garganta
ni canciones en esta distancia
sólo noche
sólo una forma sin sombra
sólo una sombra sin forma
y tampoco hay versos en estas hojas

Lord Lavengro
Viña del Mar, Noviembre 18 de 2006.

octubre 31, 2006

La Religión del Soldado

Existe una religión,
Una antigua como el amanecer
En una noche de brujas, hadas
Y ángeles errabundos.
Ahí, entre feligreses anónimos,
Resuenan lo ecos del clarín
Y del redoble marchando
Como las hormigas marchan
Pequeñas en cuerpo y grandes en alma.

Y esa religión es la del soldado
Que busca la muerte sin encontrarla
Y que, sin darse cuenta, la muerte lo encuentra.

Legionarios que visten canciones
Y sus armas afiladas escriben en la roca
Con el humo de un cigarrillo chueco
Y maltratado por el viento del olvido.

Y en cada camino formados
Al alero de un ideal incierto
Sus ojos se clavan en la nada
De una pasión que queda esperando.

Uno tras otro sus pasos crean la marcha,
Dibujan el camino que sólo ellos conocen
Entre las hojas y entre la arena efímera;
Acercándose a la torre desconocida
Conducen la música silenciosa
Que descansa en sus mentes clandestinas,
En sus pensamientos del hogar lejano.

En alguna esquina que no existe,
Construyen su fuerte con esperanzas
Y con anhelos disfrazados en la victoria.

Y ahí el soldado celebra su misa,
A la que sólo asisten él y su alma,
En la soledad dilatada
Y un rincón desconocido.

Escuadrones que buscan la gloria
En un suelo extraño que hacen suyo,
En un suelo de letras y un cielo de libros.
Empuñando sus fusiles de tinta negra
(azul o rojo, el color no importa),
sus manos artesanas modelan luces
de un futuro que quieren presente.

La religión del soldado,
Que lleva firme prendida en su uniforme,
Nace con la lluvia y con el sol
Y lo acompaña aunque lo jubilen licenciado,
Pues en los avatares de la batalla,
Si bien perdió unas parte de su carne
Y también una parte de su sangre,
Ganó en la historia de su vida
Su arma más importante:
Su corazón de soldado y de estudiante.

Lord Lavengro
Viña del Mar, 2003.

septiembre 23, 2006

[Innominado]

I

-Soy un inmigrante de mundos oscuros,
lanzas y sables que clavan con fuego
dentro del alma tranquila el infierno.
Vendo milagros mutados que sufren,
juego del tiempo perverso de invierno.
Vendo milagros: caliento el infierno.

- Vengo magnate de pasadas tormentas,
arpa de cuerdas de los rayos del sol.
Música oscura se tropieza en mi sala:
cantan zorzales con timbal de esperanza.
Guardo las llaves de mi casa en las alas
vivas del cielo y del honesto viajero:
rayo de luz que denominan Cordero.

Hablan, conversan y cantan con gracia
mientras no calman temblores de sangre
dentro del alma en tormento y dilema.
Pierden con ellos el tiempo y el alba
llega con alas de mundos distintos;
llega el ocaso con días oscuros:
tímidos niños de lloran buscando.

-¡Cálmense noches: que renazca la luz!
-¡Vengan milagros, que rechinen las puertas
viejas, desaten las cadenas del llanto!
-Vengan, no dejen las ventanas cerradas,
soy aquel suspiro de esperanzas y de calma.
-Vendo milagros: te invito al infierno.
-Pongo las llaves de mi casa de flores
sobre tus manos y camina conmigo.

II




[Aquí sólo el silencio se ha hecho ecos]




III

Quizás un momento, un lápiz, una hoja;
quizás una interpretación fallida,
quizás un suspiro.
Quizás sólo el silencio del concreto,
quizás sólo la vida.

Talvés cantamos, somos, soñamos.

Quizás un suspiro, quizás...
quizás es sólo la vida.

IV

Las olas del silencio y la vida
navegan en cometas dormidos,
tranquilos y canción sin estribos.

No sé si me endurezco en la piedra,
si navego en barcazas tiradas,
si en alas del silencio me muero.
No sé si me cantaban de niño,
si alzaban transparentes cristales,
si en alas del silencio me amaron.

V

Me quedé en intentos tardinos y solos,
olvidados ruegos de muertos cansados.
Me quedé en mi tiempo: Oscuranto dolido
que reclama tumba a mis viejos candados,
que me llama zombie de líneas muertas,
que oscurece llamas de luces opacas.

Anochece lento en mañanas brotantes:
oscurece cuando principia el verano:
con las sombras llega la Luna arrogante:
madrugada en noches eternas y cortas:
la delgada línea rota se corta:
en el alba viene ocultándose del Sol:
se quedó en su tiempo durante su muerte.

Es un alma en llantos que canta con risas,
como un viejo barco navega sin mar.
Es un todo en nada que aborta su vida.
Navengante sueñas con cielos de tierra,
con trineos blancos y el aire por piso.
Es un alma en llanto que canta por risas
y quedó en su tiempo durante su muerte.

Que nació por muerte llegada por carta,
con sus sombras llega la noche despierta
y con días llega la luz olvidada.
¿El tesoro deja canciones por mapas
a las nuevas risas lejanas y eternas?
Es un alma en llanto que deja su llanto:
encontró su tiempo durante su tarde.

VI

Quisiera entregarme al silencio de otoño
que cuenta de viejas novelas sin tinta.
Deseo ensuciarme con pasto y rocío
de nuevas mañanas.

Si llama la noche a los cuatro jinetes,
la muerte renace de lápidas gruesas.
Sendero mutable que hablabas de guerras
que nunca acabaron.

Señor del último infierno sin torres,
regresa a tu mundo en las canas del tiempo.
Esconde la vida en los ciegos y oculta
su espalda sangrante.

Quisieras dejarme dormido. Recuérdame.
Evoca la carta manchada, verás
que siempre la grieta se ensancha en eterno
hundir deprimido.

-Te dejo que mires y veas: levántense
la guerra, la muerte, la hambruna del cuerpo,
y tu insanidad. Y repito que mires
al nuevo reclamo.

Metralla de letras lloronas y brujas,
que pasan doliendo en caballos malditos.
Deseo ensuciarme con pasto y rocío
de nuevas mañanas.

VII

Volarme con cien sonidos perpetuos
de rabia y de carne muerta y marchita.
Dejar las caricias viejas en pozos
de sangre reseca y roja bebida.

Oír que los perros ladran sus voces
que juegan con lazos cortos y largos.
Un grito en la niebla blanca del tiempo
que llama sonriendo al fin del lago.

Marcharme corriendo. ¡Nace misterio!
Explotan los dos amigos ladrones
que dicen silencio: ruido mordido.
En manos mojadas vasen jabones.

Las noches son miel y el día salmón.
Sabores que llegan nuevos al centro,
concierto de reglas sobre senderos
paqueños; mas, grandes leyes de siervos.

Dejarme llevar por cien sonidos
perpetuos que me hablan de luces albores;
de rabia, de fuego, miles de llantos:
dolor muribundo. Rocas de bronce.

Envuelto por fuertes mantos de lúgubres
pastores, el sueño se arranca del hombre
que ciego despierta al cielo que príncipe
lo arroja a un mundo de otros sabores.

Dorada es la piel que aflora en mi cuerpo,
color de los soles tibios de arena.
Jaurías de perros blancos en tierras
desiertas transmigran sanos y bellos.

Lord Lavengro
Nogales, Enero a Julio de 2001.

septiembre 08, 2006

Si el Cielo


¿Si el cielo plagado de estrellas cantara?
Escucho el silencio en la noche tranquila
durmiendo sentado en cojines de anhelos,
mirando tus ojos sin verlos, semilla.

Recuerdo a tus labios posarse en mi boca,
de flor en mi flor: mariposa emplumada.
Tus manos me tocan en este recuerdo
que guardo en mi taza de azul porcelana.

El aire se enfría en la carta que nunca
escribes. Si el silencio cantara... No llamas.
La música suena sin notas igual
quel llanto sin lágrimas: secas escarchas.

Fantasmas de lana se hicieron tus besos
que saben a dulces carentes de äzúcar.
El eco disfónico sufre la ausencia
de voces que al viento, mi amigo, saludan.

-Plagado de estrellas y nadie te mira.
-Talvez sus latidos suspiran en mi alma.
-¿Quizás? ¡No duerme, suspira ni canta!
-Si tú no la escuchas, intenta callarla.

Su suave cascada me llueve en recuerdos
que duelen, me queman con fuego escarchado.
Mis pasos enfermos no encuentran el rumbo
del cielo estrellado: me duermo parado.

Lord Lavengro
Escrito en marzo 3 de 2005.

agosto 24, 2006

Silencio


Silencio... la noche es de piedra
forjada por muros inertes;
es muda, sin ecos pasados.
Derrumba los cerros del vientre.
Rodando abalanchan palabras
que ciegan los ojos del tiempo
marcado en la frente con grises
cenizas del mismo tiempo.
Maíz que los tordos recogen
(robado del choclo olvidado)
no siembra la vida genuina
que es copia de antiguos tratados.
Desgarra la carne el sonido
helado del claustro tallado
en rocas de casas ajenas.
Silencio: lamentos callados
del viejo estandarte en cojera.

Lavengro
Viña del Mar, Julio 14 de 2002.

agosto 17, 2006

Cerrando sus Ojos


Cerrando sus ojos de piedra pulida

el perro recorre los pastos sinceros

de tierras dormidas, amantes sin prisa,

recuerda ladridos que fueron lanceros.


Orejas caídas, sus patas cruzadas

(reflejo del sol de la tarde que busca

su cama de mar, su horizonte de paja),

sus pelos cansados parecen la lluvia.


Explotan las notas de viejas guitarras,

evoca los golpes de largas carreras

que siguen a gatos, la presa inventada.

Cerrando sus ojos el perro recuerda.


Su cola, primero, se duerme, después

no alcanza los ritmos del juego ëterno;

soldado valiente que sabe de fe,

que muestra sus triunfos, que afronta sus yerros.


Ladridos sin ecos se escuchan lejanos;

el perro que cierra sus ojos me mira,

altivo me dice “vivimos cercanos,

ahora el tiempo me llama, la vida

termina, mas nunca se acaba...” suspira.


Lavengro

Nogales, Septiembre 15 de 2002.

agosto 07, 2006

Fantasma

Si el sol se esconde,
si el tiempo pierde
su ritmo eterno,
yo sigo el norte
con brújula ida.

Mi sombra sigue
su vida sola,
sin mí, sin alma.
Si el fuego enfríase
en manos mías,
la luna triste
se esconde tímida
tras nubes viejas,
tras nubes negras:
fantasma en niebla
eterna. Lluvia
que moja seca:
linterna ciega:
sonido sordo:
parlante mudo:
nariz tapada:
oído sucio...

Yo sigo el norte
con brújula ida
en ecos mimos.
Mis horas llegan
en hojas secas
que roba el viento.


Lord Lavengro
Viña del Mar, Julio 22 de 2002.