persiste como ancla posada en mi retina,
volviendo una vez y otra vez como marea
al sueño nocturno en que veo tu silencio.
Parado en la noche recuerdo aquellas manos
bajando la ruta roída del crepúsculo,
tus manos de sabia, de madre de la tierra.
Sonríes sin verme ni risa verdadera.
¿Y dónde quedaron tus ojos laberínticos?
¿Por dónde marcharon tus voces que llegaron
desnudas, calladas, sin ecos ni palabras?
Te veo vacía, sin vida y sin la muerte.
Tu cuerpo es tu cuerpo; mas, tu alma no te existe,
no muestra tus pasos y el canto de tus versos.
¿Y dónde quedaste paloma fronteriza?
¿A dónde llevaron tus ojos, lapidándote?
Lavengro
Escrito en Viña del Mar, enero 24 de 2006.
















