agosto 05, 2013
mayo 26, 2013
INDIFERENCIA
Vuelvo a escribir desde la indiferencia,
marzo 24, 2009
Carta a la Distancia
Como que me perdí de la vida en una esquina cualquiera, virando los ojos hacia la vereda del frente en la esperanza de ver tu rostro, cruzando la calle errático y despistado con luz roja en un semáforo que nunca estuvo: suerte la mía –que en algo debo tenerla- sólo venía un trolley.
A Valparaíso lo conocí antes que a ti, sin pensar siquiera que habitabas bajo la sombra de un cerro y con vista al porvenir. Era bello, era un puerto de "anhelos, canas, escaleras y recuerdos", era mi Pancho: ese loco amigo con el que jugábamos en las quebradas a marearnos cuando, de niños, nos dejábamos rodar por sus calles desprevenidas y, de grande, con alguna copa de un elíxir fantasioso. Pero hoy mi amigo se ha ido lejos, se ha ido de tu mano y ya sólo es una ciudad sin nombre, llena de ruidos y malos olores, repleta sólo de desconocidos.
Era bello lo que hoy es triste, y lamento a ratos la poesía perdida entre páginas sin letras y paseos absolutamente solitarios, sin siquiera la presencia del viento y mis recuerdos.
Y bueno, si ya las calles no son una aventura sino la rutina de las rutinas, creo que es tiempo que me olvide de recordarte, sin volver a leer sobre una simple letra y un distante y solitario eco toda una historia y nuestros nombres. Es hora de dejarte ir entre las alas de una despedida imaginaria, con un beso en la mejilla, un abrazo y “cuídate mucho”.
¿Pero si algún día me olvido de que me olvidé recordarte?: ¿volverá la poesía del Puerto junto con tu rostro hasta que se vuelva a marchar de tu mano?
Lord Lavengro
Viña del Mar, Marzo de 2009.
febrero 08, 2009
Esta Noche
Esta noche,
desde las lamentaciones de la distancia,
como disimulando ausencia
sus ojos se cruzan en el recorrido de los míos,
con el furor del recuerdo y la ira de querer olvidarnos.
Esta noche,
entre la lejanía de un recuerdo y un delirio
está vestida de llanto y de engaño,
cediendo al miedo y al desconsuelo
y añorando quizá un cuchillo:
quizá una cuerda que la lleve del cielo al infierno.
Esta noche
imagino sus llovidas muñecas abismadas,
tatuadas de miedo y fugitivas de la vida
entre rocas afiladas y espinas de rosas
que se las lleva el viento de la nada
a mi destino pétreo entre lápidas y olvido.
Lord Lavengro
Viña del Mar, Febrero 8 de 2009.
septiembre 13, 2008
Como Si Nunca Existieras

Caminas sigilosa en la noche estrellada,
Llegas silenciosa, deslumbras y te marchas.
Fuiste mi descubrimiento de un nuevo continente,
Atravesé océanos de soledad hasta encontrarte
Tendida desnuda en una playa abandonada
Y cuando te besé te hiciste un fantasma desconfiado:
Te volviste como arena en el viento y fue como si nunca existieras.
Pero regresaste a mi copa desde la distancia llenando mi horizonte
Como las sombras de la noche en un atardecer clandestino.
Te hiciste carne de un espectro de mi inconsciencia y mi anhelo inconfesado,
¡Pero cuántos abismos dejarían tu retorno a mis recuerdos!
Me dejaste ser carabela en la tempestad de tu cuerpo
Y navegar en el sudor de tu piel hasta todos tus puertos:
Escalar tus senos besando cada milímetro de suelo conquistado
Y hundirme en la cavidad de tu alma como un religioso obstinado.
Pero al despertar tu órbita te llevaba lejos de mi tiempo
Y nuevamente te hiciste sólo imágenes de antiguos dioses
Que sólo habitan en los rincones de los mitos y mis crrencias.
Lord Lavengro
Viña del Mar, Septiembre 13 de 2008.
septiembre 10, 2008
nocturna luna
caprichosa titilante
soy mendigo
pero tu mendigo
el menesterso de tus labios
escribano de mis deseos
esos deseos tuyos
cada silencio
cada gemido estridente
cada grito
misterioso
adormilado penitente
una y otra
noche amatoria
Luna melancólica
paciente amante insomniosa
lacrimosa
descubro tu cuerpo
cada rosa espinada
cada sangre derramada
un remedo a tus ropajes
a tu piel lacerada
un mástil que eterniza
un capricho
mi capricho atormentado
sádico placer hecho estrofa
Lord Lavengro
julio 23, 2008
Dispersa
Eres como los árboles en una madrugada sin luna
Teñida por la bruma de un gris invierno
Clandestina y distante
Aunque naciste de mis recuerdos
Suenan los últimos ecos de tus palabras
Entre grillos y sapos casi afónicos
Retirándose al abismo de cada mañana
Estás dispersa entre tantos recuerdos perdidos
Dispersa... nebulosa
Entre tanto frío
Se me clava la humedad de tu cuerpo
Como si fueran cristales de escarcha
Con un beso te fuiste
De la mano del sepulcro y del olvido
Guardando silencio entre gritos ajenos
Congelando susurros y caricias
No sé qué fue más intenso
Si la hoguera de tus caricias anhelantes
O tu retorno a mis recuerdos
Lord Lavengro
Viña del Mar, Marzo 26 de 2008.
julio 04, 2008
Sólo me Queda Extrañarte

¿Por qué me quedé esperando,
sentado a la orilla de la noche
mientras en la distancia se dibujaba un susurro:
un murmullo de amanecida,
mientras tu recuerdo volaba
en mi soledad marchita y alada?
¿Por qué mi tormenta se lleva tus ojos
como el viento las hojas en otoño?
Un eco de música en la lejanía de estas fechas
reclama a los recuerdos su retirada.
Intento en mi mente seguir tus pasos,
mas, tus huellas se perdieron en la sombra
arrastradas por la fría nada.
¿Por qué ya no te añoro como antes,
como cuando no estabas,
cuando eras una efímera niebla
que se perdía de vista en el horizonte?
¿Por qué cuando te miro a los ojos
ya sólo me queda extrañarte?
Lord Lavengro
noviembre 07, 2007
No hay Versos que Escapen
Publico este poema para invitarlos e invitarme a dejar fluir las palabras que se quedan encerradas en el torbellino de los pensamientos, abandonadas por el paso del tiempo y lapidadas bajo las obligaciones de la rutina. Espero que sean de vuestro agrado y abran una puerta, como lo han hecho conmigo, a esas ideas que reposan clandestinas en el tintero de la literatura.

En estas palabras hay momentos,
en ellas el silencio canta de la mano del anhelo,
gimiendo soledades clandestinas
que escurren entre las rocas en mi deshielo.
Esta noche de mediodía que me acompaña
como el dolor a las sangrientas heridas
se regocija en un baño de sinsabores,
en el misterio una mirada perdida.
Te escondes hoy a la sombra del recuerdo,
acurrucada en un rincón de la melancolía
que me dejaron los surcos de tus manos.
Eras roca y sin embargo aún llueves.
Caminan conmigo velados en la niebla
enormes sombras de héroes olvidados,
viejos troncos que aún habitan la noche
aferrándose al tiempo con sus raíces escalpadas.
No hay pasos ni versos que escapen,
que huyan del papiro eternamente.
Siempre a la vuelta de cada página
hay un tropiezo y un beso esperando.
Viña del Mar, Octubre 23 de 2007.
Lord Lavengro
agosto 16, 2007
1. Estoy loco, el tiempo me falta y quiero seguir llenando mi día de más horas. Entre la universidad, mi trabajo, la práctica profesional y los eventos sociales (entiéndase por tales reuniones en bares, uno que otro café por ahí, una que otra botellita de vino y picoteos varios en un restaurante y, entre otras opciones, la cerveza del día viernes con mi primo en un local rancio de Viña...) Así no se puede; quién sufre? Las letras.
2. Una amiga canta en la ducha, dice, pero yo ni eso, no hay caso, mi voz no tiene futuro en la música... y saben, es doloroso, porque me encanta la música.
3. Soy obsesivo. Sí, cuando se me mete algo en la cabeza lo consigo; cuando algún disco me gusta lo escucho y lo escucho y lo escucho........... como me pasó con The Phantom Agony de Epica; tiendo a leer todos los libros que me llegan a las manos al mismo tiempo... no me puedo aguantar: he llegado a estar leyendo seis libros en paralelo, a eso agregar mis estudios... mejor no sigo, la lista es larga. Bueno, hay que agregar que soy perseverante.
4. Asusto. A los niños ni hablar, los bebés se ponen a llorar cuando me ven, a los más creciditos y creciditas me ven cortante y serio, con mirada pétrea... hasta que nos vamos conociendo y me salen las sonrisas y los cariños para mis amigos. El que no logra llegar a conocerme dirá que soy un pesado y engreído... es cierto, claro que mientras sigan sin conocerme.
5. Tengo una faceta fría y pragmática y, por otro lado, tengo mis sentimentalismos como cualquiera otro, incluso accesos de furia y descontrol, aunque son los menos, es más, casi nunca me enojo, pero cuando lo hago no dejo títere con cabeza o soldado de pie... ni yo me soporto.
6. Hay quienes piensan que tengo ademanes medio raros, pero no saben que me encantan las mujeres... son la mejor compañía, placer y aventura que se pueda haber inventado... les agradezco señoritas por existir!
7. Amo conversar, puedo dejar de hacer todo por una buena conversación.. más de alguna vez he dejando de estudiar para una examen por juntarme a conversar con una amiga en algún rincón del Puerto.
8. Odio las cadenas: no me gustan las cadenas en mi mail y tiendo a no continuar las que me han invitado en el blog. Tanto es así que mi amigo Berliot ya me había invitado, Amapola, y otros igual de importantes para mí.... Y por qué ahora sigo este ejercicio? No sé, pero quise contestar a la invitación de lakshmi.
Ya, escribí ocho cosas de mí. Ahora, pedirle a alguien que siga con la cadena. Es un poco raro, porque a mí no me gustan las cadenas, como ya lo dije. Mejor seré consecuente y no nombraré a nadie, es más, si alguien quiere seguirla, es libre de hacerlo.
Un poco de mí
Señor Lavengro
junio 13, 2007
Alondra
Eras un comienzo que te fuiste haciendo fin, un camino entre sombras y letras que se fue tiñendo de sangre arrancada con rosas y chocolates y helados que nos servíamos en aquellos largos paseos junto al mar. Nos creíamos románticos sin serlo realmente. Patéticos. Ambos sabíamos que no podíamos ser románticos, conocíamos que no había un beso siquiera romántico entre nosotros. Pasión, calentura, pero no romanticismo. Nunca vivimos lo que era, intentamos ver en lo hondo y como se veía tan profundo no nos dimos cuenta que nada había de tal, que era una simple pared negra en la que ya nada podíamos penetrar, sólo hacernos llagas más profundas a medida de cada embestida.
Ya no recuerdo tu nombre, y creo que nunca lo supe. Alondra te llamaba porque eso me pareciste cuando nos encontramos mirando desde lejos las risas de nuestros amigos, viendo cómo estaban gregariamente haciendo locuras sabiendo nosotros que la locura no es colectiva, que viene desde dentro de cada cual arrancando una personalidad inconfundible, que cada loco es único, y sí, nosotros lo sabíamos, o así lo creíamos. Nos dijimos hola, nada más que hola. Y seguimos mirando el mar medio bravo ante la tormenta que se aparecía oscura en el horizonte, intentando respirar en un ambiente cada vez más pesado. Alondra, dije y me miraste. No hizo falta conocer tu nombre. No hizo falta. Para qué saberlo, para qué pedirte identificación si para mí eras única, eras otra loca inadaptada como yo que miraba desde lejos a los demás divertir sus corazones faltos de verdadera sangre. Verdadera sangre, qué es la verdadera sangre si ni siquiera sé qué es lo verdadero y si mi mayor acercamiento a la sangre es a las rasmilladuras que me dejaron las caídas en bicicleta; y dale con lo absoluto: hay que dar el último paso para caer, para sentir que el odio fue amor, para terminar lo que pensamos infinito. La muerte, me dijiste un día.
¿Por qué te seguí en tus juegos insanos si entre líneas se dejaba leer un destino opaco? ¿Qué había en tus ojos que me arrastraron a aceptar y prometerte acompañar en tu derrotero cierto, como algo inevitable?
Bajaban desde el Café Vinilo, habían estado escuchando tangos y bebiendo un par de cervezas en silencio, ni una palabra pronunciaron; “por qué me entiendes tanto y sin embargo no me comprendes, irás conmigo y eso te hace admirable, pero discúlpame por arrastrarte” pensaba ella mirando un supuesto fantasma. Alguna vez uno se encuentra con personas abstraídas, y se les respeta y se les deja en paz porque realmente no llaman la atención, mas ellos no, cada comensal se los quedaba mirando, vestían de negro, de rígido luto, era como si sus ropajes no fueran realmente ropa sino féretros, llevaban sus ataúdes a cuestas. Podía haber sido una caminata más, siguiendo las líneas inciertas de las calles esquizofrénicas del Puerto en otra de esas tardes, una más. Era muy difícil siquiera imaginar cuál era su punto de destino (quizás un antro, un bar, una playa, un motel, quién sabe).
Cómo sigo relatando aquélla última marcha de mis amigos si no logré nunca entenderlos. Llevo ya dos semanas frente a este teclado que calla sin poder salir de este círculo de ininteligencias, revolcándome en el estiércol de mi propia desesperación, de mi dolor sigiloso, de mi amor sombrío, desparramando letras inarticulables y voces vacías; estoy en un punto fenecido si es que aún no he muerto. Cada palabra de su anuncio inverosímil resuena ciegamente en mi conciencia, mientras mi desesperanza se revuelca en el lodo de mi inacción. ¿Por qué nada hice? ¿Por qué no les creí? Tuve en mis manos la posibilidad de hacerles entrar en razón, de hacerles abrir los ojos. No entiendo, ¡Cómo no fui capaz de hacerles desistir del suicidio!
¿Esta es nuestra noche, cierto? Caminamos como si nada, como llevados de la mano de nuestra madre algún día cuando fuimos niños, porque lo fuimos, creo. Siento tu mano fría que se me aferra casi dentada a la mía, mordiéndome el alma en estos escalones que ayer fueron clandestinos y hoy los vamos llamando por su nombre. Nunca me fijé que este camino fuera tan corto, es como si siempre lo hubiésemos subido y jamás bajado. Estás más bella que nunca, ¡qué importa tu palidez enfermiza!, me recuerdas a una de esas estatuas de hielo: blanca y transparente y fría hasta la última célula, callada y llena de expresiones… sí, creo que hoy te amo, que hoy ya no es calentura, que hoy es el día.
Con esa última mirada que me has dado comprendo un par de cosas. Te preguntas si Enrique, nuestro amigo, tu eterno enamorado, soportará nuestra decisión; mas sé que no te preocupa, que confías en ese mismo atormentado amor que te profesa como una devoción en una secta clandestina y diabólica para que no proteste ante nuestro egoísmo (el tuyo porque no creo que le interese el del amigo que se llevó a la mujer que ama al absoluto de sus propias inclinaciones, al que sepultó esas esperanzas que fundó en la misma nada, y que sin embargo, gurda hasta esta noche). Lo otro que entiendo, querida, es que dando estos últimos pasos también me amas, y aquí ya no hacen falta más palabras que tus ojos y tu silencio.
“Se siguen buscando los cuerpos de dos jóvenes que cayeron al mar desde el Muelle Barón de Valparaíso; hasta el momento los trabajos de buzos de la armada has resultado infructuosos, por lo que se estima que la corriente ha arrastrado a los malogrados jóvenes mar a dentro.
Según declaraciones de un testigo, que sólo se identificó ante este medio como Enrique, luego de una acalorada discusión, el joven dio de golpes a la joven lanzándola al mar, para después lanzarse él. Asevera este testigo que los jóvenes estaban en un deplorable estado etílico y que no alcanzó a verles el rostro…”
Lord Lavengro
Valparaíso, entre abril y junio de 2007.
mayo 02, 2007
Demasiado Tarde
Demasiado tarde para huir
Siempre fue demasiado tarde
Para ti y para mí
Me empapé de tus días helados
Me escabullí por una rendija
Entre las piedras de tu corazón:
Mírame…
Y mírate
Estás cubierto por mi coraza
Sin sentir la atravesaste
Tras una lágrima de tu pasado.
Vives en mi piel
Vivo en tu mirada
Y algo más
Somos…
Dos soledades hacen un presente
Dos brujos que escriben hechizos sin nombre
En la piel del tiempo y se vuelven murmullos
Se mezclan, se funden, y llegan al amor…
Octubre 12 de 2000.
marzo 17, 2007
Arcoíris de Sábado Triste

febrero 15, 2007
la música suena vacía
en dónde tus palabras
tiradas las caricias
la paciencia la paciencia
por qué te extraño
por qué me faltan tus labios
por qué los siento como un recuerdo
si nunca nos besamos
o sí
o no
ecos ecos ecos
pero te extraño
pero si hasta tu silencio calla
peros
siempre estos peros
tu cuerpo temblando
titilando como una estrella en mis brazos
PERO
tus ojos dilatados
perdidos en los míos
mis ojos dilatados
perdidos en los tuyos
y otro PERO
dónde están tus manos esta noche
dónde tu cintura
tus caderas esquivas
tu pecho que se estrella contra el mío
te me apegas y tus labios esperan
te sueño pero despierto
y no estás
no estás
me contagiaste amor con tu saliva
pero cómo si nunca nos besamos
sí lo hicimos me dice este recuerdo
y es sólo eso
recuerdo
tus pechos
tus pies descalzos
tu pelo lluvioso
en la esquizofrenia de nuestros conciertos
y ciegamente te busco en el pasado
en ese que nunca ha pasado
en ese que aún espera
todavía dilatado
Lord Lavengro
Valparaíso, Madrugada de febrero 15 de 2007.
enero 19, 2007
Retrato
El otro día me miraba al espejo, pero no para no cortarme al afeitar, sino para indagar en mi interior... ese espejo del alma, ese que delata la conciencia. De eso nació otra pregunta: ¿qué te contestará ese espejo? No creo que formules ante él la pregunta de la madrastra de la Blanca Nieves, aunque un poco de vanidad no le hace mal a nadie: por qué no te iba a contestar “tú eres la más bella”. Pero bueno, eso es farándula y me estoy alejando de lo que pretendo decirte, mas, qué dicen mis palabras sino sólo ecos y algo huecos, por lo demás.
Hace un par de noches ya que comencé estos desvaríos. Sé que le prometí que le escribiría cómo entiendo su ser, En algún minuto un pequeño niño salió corriendo desde un desdibujado patio, pero ya no estoy tan seguro que le entregue estas líneas. atravesó la calle sin mirar Vamos nuevamente contestando a esa pregunta que formulamos más arriba. que un descontrolado vehículo se abalanzaba contra él, arroyándolo sin un grito. Te veo compleja, mi amiga, alegre hasta decir basta sin realmente desearlo pues contagias No quise seguir viendo, mas algo me decía que no habían pasado las cosas como creí agraciada esos momentos largos de sonrisa que nos regalas, mejorando nuestra existencia. pues sólo las había imaginado, que una sombra me había empañado los ojos ocultando la luz del sol.
pero quién es el ente
un algo un alguien un qué
y ahí está intentando decir lo que no puede lo que siente hondamente y sin palabras
en alguna parte se quedó medio perdido
es mujer es alegre es buena moza es risueña
es contenta como una niña descubriendo en su regalo el juguete que pidió en su carta al viejo pascuero
cómo no va a ser capaz de decirle una simple palabra
de expresarle sencillamente que es un enigma
no no puede porque no es sólo un laberinto sin salida
sin llegar al saber racional, que es una especie de conformismo; la razón estabilizadora, nada más lejano para que siga con su trabajo.
eres angulosa cuando no eres un laberinto
y la lechuza canturrea tu nombre vivaz
despejado como camino luminoso
una lámpara extraviada entre la oscuridad y algo de maleza
y canturrea y canturrea y canturrea
un murmullo de ecos que dicen Denisse.
Viña del Mar, Diciembre 28 de 2006.
diciembre 17, 2006
Aún sin Nombre

Tres horas más,
Ya son días que quedan,
Sonando como ecos del pasado,
Imágenes enmarcadas en la niebla añeja.
Mis párpados vencidos, mi mano entregada,
Se sumergen bajo el sueño clandestino
De mi corazón que no olvida.
¡La llovizna de verano otoña mi alma!
Pisando, como olas que golpean en las rocas,
A mi jardín de rosas blancas,
El invierno me amenaza empantanar,
Dejarme morir en sus arenas de desesperanza.
Siempre fui ajeno al tiempo,
Mas ahora, vengándose, me grita descarado,
Empinándose sobre el abismo: "no soy tu amigo".
¿Qué se hizo la magia?
En una esquina la divisó el último elfo,
De la mano del olvido, caminando...
Escrito en febrero 11 de 2005.
noviembre 19, 2006
Sólo...
octubre 31, 2006
La Religión del Soldado
Una antigua como el amanecer
En una noche de brujas, hadas
Y ángeles errabundos.
Ahí, entre feligreses anónimos,
Resuenan lo ecos del clarín
Y del redoble marchando
Como las hormigas marchan
Pequeñas en cuerpo y grandes en alma.
Y esa religión es la del soldado
Que busca la muerte sin encontrarla
Y que, sin darse cuenta, la muerte lo encuentra.
Legionarios que visten canciones
Y sus armas afiladas escriben en la roca
Con el humo de un cigarrillo chueco
Y maltratado por el viento del olvido.
Y en cada camino formados
Al alero de un ideal incierto
Sus ojos se clavan en la nada
De una pasión que queda esperando.
Uno tras otro sus pasos crean la marcha,
Dibujan el camino que sólo ellos conocen
Entre las hojas y entre la arena efímera;
Acercándose a la torre desconocida
Conducen la música silenciosa
Que descansa en sus mentes clandestinas,
En sus pensamientos del hogar lejano.
En alguna esquina que no existe,
Construyen su fuerte con esperanzas
Y con anhelos disfrazados en la victoria.
Y ahí el soldado celebra su misa,
A la que sólo asisten él y su alma,
En la soledad dilatada
Y un rincón desconocido.
Escuadrones que buscan la gloria
En un suelo extraño que hacen suyo,
En un suelo de letras y un cielo de libros.
Empuñando sus fusiles de tinta negra
(azul o rojo, el color no importa),
sus manos artesanas modelan luces
de un futuro que quieren presente.
La religión del soldado,
Que lleva firme prendida en su uniforme,
Nace con la lluvia y con el sol
Y lo acompaña aunque lo jubilen licenciado,
Pues en los avatares de la batalla,
Si bien perdió unas parte de su carne
Y también una parte de su sangre,
Ganó en la historia de su vida
Su arma más importante:
Su corazón de soldado y de estudiante.
Lord Lavengro
Viña del Mar, 2003.
septiembre 23, 2006
[Innominado]
-Soy un inmigrante de mundos oscuros,
lanzas y sables que clavan con fuego
dentro del alma tranquila el infierno.
Vendo milagros mutados que sufren,
juego del tiempo perverso de invierno.
Vendo milagros: caliento el infierno.
- Vengo magnate de pasadas tormentas,
arpa de cuerdas de los rayos del sol.
Música oscura se tropieza en mi sala:
cantan zorzales con timbal de esperanza.
Guardo las llaves de mi casa en las alas
vivas del cielo y del honesto viajero:
rayo de luz que denominan Cordero.
Hablan, conversan y cantan con gracia
mientras no calman temblores de sangre
dentro del alma en tormento y dilema.
Pierden con ellos el tiempo y el alba
llega con alas de mundos distintos;
llega el ocaso con días oscuros:
tímidos niños de lloran buscando.
-¡Cálmense noches: que renazca la luz!
-¡Vengan milagros, que rechinen las puertas
viejas, desaten las cadenas del llanto!
-Vengan, no dejen las ventanas cerradas,
soy aquel suspiro de esperanzas y de calma.
-Vendo milagros: te invito al infierno.
-Pongo las llaves de mi casa de flores
sobre tus manos y camina conmigo.
[Aquí sólo el silencio se ha hecho ecos]
Quizás un momento, un lápiz, una hoja;
quizás una interpretación fallida,
quizás un suspiro.
Quizás sólo el silencio del concreto,
quizás sólo la vida.
Talvés cantamos, somos, soñamos.
Quizás un suspiro, quizás...
quizás es sólo la vida.
Las olas del silencio y la vida
navegan en cometas dormidos,
tranquilos y canción sin estribos.
No sé si me endurezco en la piedra,
si navego en barcazas tiradas,
si en alas del silencio me muero.
No sé si me cantaban de niño,
si alzaban transparentes cristales,
si en alas del silencio me amaron.
Me quedé en intentos tardinos y solos,
olvidados ruegos de muertos cansados.
Me quedé en mi tiempo: Oscuranto dolido
que reclama tumba a mis viejos candados,
que me llama zombie de líneas muertas,
que oscurece llamas de luces opacas.
Anochece lento en mañanas brotantes:
oscurece cuando principia el verano:
con las sombras llega la Luna arrogante:
madrugada en noches eternas y cortas:
la delgada línea rota se corta:
en el alba viene ocultándose del Sol:
se quedó en su tiempo durante su muerte.
Es un alma en llantos que canta con risas,
como un viejo barco navega sin mar.
Es un todo en nada que aborta su vida.
Navengante sueñas con cielos de tierra,
con trineos blancos y el aire por piso.
Es un alma en llanto que canta por risas
y quedó en su tiempo durante su muerte.
Que nació por muerte llegada por carta,
con sus sombras llega la noche despierta
y con días llega la luz olvidada.
¿El tesoro deja canciones por mapas
a las nuevas risas lejanas y eternas?
Es un alma en llanto que deja su llanto:
encontró su tiempo durante su tarde.
Quisiera entregarme al silencio de otoño
que cuenta de viejas novelas sin tinta.
Deseo ensuciarme con pasto y rocío
de nuevas mañanas.
Si llama la noche a los cuatro jinetes,
la muerte renace de lápidas gruesas.
Sendero mutable que hablabas de guerras
que nunca acabaron.
Señor del último infierno sin torres,
regresa a tu mundo en las canas del tiempo.
Esconde la vida en los ciegos y oculta
su espalda sangrante.
Quisieras dejarme dormido. Recuérdame.
Evoca la carta manchada, verás
que siempre la grieta se ensancha en eterno
hundir deprimido.
-Te dejo que mires y veas: levántense
la guerra, la muerte, la hambruna del cuerpo,
y tu insanidad. Y repito que mires
al nuevo reclamo.
Metralla de letras lloronas y brujas,
que pasan doliendo en caballos malditos.
Deseo ensuciarme con pasto y rocío
de nuevas mañanas.
Volarme con cien sonidos perpetuos
de rabia y de carne muerta y marchita.
Dejar las caricias viejas en pozos
de sangre reseca y roja bebida.
Oír que los perros ladran sus voces
que juegan con lazos cortos y largos.
Un grito en la niebla blanca del tiempo
que llama sonriendo al fin del lago.
Marcharme corriendo. ¡Nace misterio!
Explotan los dos amigos ladrones
que dicen silencio: ruido mordido.
En manos mojadas vasen jabones.
Las noches son miel y el día salmón.
Sabores que llegan nuevos al centro,
concierto de reglas sobre senderos
paqueños; mas, grandes leyes de siervos.
Dejarme llevar por cien sonidos
perpetuos que me hablan de luces albores;
de rabia, de fuego, miles de llantos:
dolor muribundo. Rocas de bronce.
Envuelto por fuertes mantos de lúgubres
pastores, el sueño se arranca del hombre
que ciego despierta al cielo que príncipe
lo arroja a un mundo de otros sabores.
Dorada es la piel que aflora en mi cuerpo,
color de los soles tibios de arena.
Jaurías de perros blancos en tierras
desiertas transmigran sanos y bellos.
Lord Lavengro
Nogales, Enero a Julio de 2001.
septiembre 08, 2006
Si el Cielo

¿Si el cielo plagado de estrellas cantara?
Escucho el silencio en la noche tranquila
durmiendo sentado en cojines de anhelos,
mirando tus ojos sin verlos, semilla.
Recuerdo a tus labios posarse en mi boca,
de flor en mi flor: mariposa emplumada.
Tus manos me tocan en este recuerdo
que guardo en mi taza de azul porcelana.
El aire se enfría en la carta que nunca
escribes. Si el silencio cantara... No llamas.
La música suena sin notas igual
quel llanto sin lágrimas: secas escarchas.
Fantasmas de lana se hicieron tus besos
que saben a dulces carentes de äzúcar.
El eco disfónico sufre la ausencia
de voces que al viento, mi amigo, saludan.
-Plagado de estrellas y nadie te mira.
-Talvez sus latidos suspiran en mi alma.
-¿Quizás? ¡No duerme, suspira ni canta!
-Si tú no la escuchas, intenta callarla.
Su suave cascada me llueve en recuerdos
que duelen, me queman con fuego escarchado.
Mis pasos enfermos no encuentran el rumbo
del cielo estrellado: me duermo parado.
Lord Lavengro
Escrito en marzo 3 de 2005.

